Sitio Oficial de la GLORIOSA HINCHADA SABALERA - Club Atlético Colón de Santa Fe



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de los partidos
y otras yerbas...

Por:
Elnegroo
Seba (desde el 14.11.2020)



 COMENTARIO SELECCIONADO:
Es un regalo...

Hay situaciones en la vida que se nos presentan como un obsequio. Nuestra casa propia (los que tienen la suerte de tenerla), un hijo, un trabajo, una situación venturosa.

Para Pablo Lavallén el arribo, estancia y fortunas en Colón (ganadas en contante y sonante) y los beneplácitos que se fueron dando, a veces empujados por una masía tan necesitada de triunfos históricos como indolente ante lo vernáculo, resultó un regalo. Un regalo, un obsequio como ese trabajo que surge en tiempos de crisis, o ese hijo tan deseado. Un regalo ante el cual todo esfuerzo para equipararse ante el mismo, en devolución, nunca alcanza.

Por que cuando a uno le regalan algo, digamos que meritorio del mismo, muchas veces no se siente. Si tiene dignidad, no se siente meritorio de semejante dispendio. Repito; si tiene uno la dignidad suficiente. El halago por nada no está bien visto en general para cualquier perfeccionista.

A Pablo Lavallén, se le regaló un puesto codiciado por muchos, vilipendiado por otros, pero de enorme responsabilidad: comandar un grupo de jugadores de fútbol con interconexiones caóticas, interrelaciones complejas, y con mucha madera para dar y repartir. Su responsabilidad fue la de ordenar algo que venía mal barajado.

El trabajo de Lavallén era condensar las inequidades de los puestos en jugadores de fútbol (más maleables que la goma, por norma), en funcionamiento táctico.

Cuando a Juan Pérez le asignan un departamento de personal, su cargo consiste en ser efectivo, tener la muñeca para tomar direcciones, entender el contexto, hacer rendir lo que tiene.

Con los técnicos pasa lo mismo. No escapan a las generales de la ley.
Recuerdo pocos directores técnicos con tanta banca y tan pocos pergaminos. Y lo peor; tan pocos resultados y aún así seguir teniendo tanta banca.

El Club Atlético Colón (que de atlético tiene bastante poco), regaló en pos de fortuna, suerte y virtud, un cargo importantísimo en manos de quien no estaba preparado para semejante desafío.
Los resultados están a las claras.
Han transcurrido innumerables fechas contra incontables rivales, y todo sabe a poco.

No se ha construido una imagen o concepto de equipo, más que el declamatorio, acerca de vestir la misma camiseta. Lo que a este equipo conformado (que no es equipo), lo pone al mismo nivel de cualquier fila que elijan en cualquier parte del estadio Centenario. 20 tipos con formas de ser, afinidades y caracteres distintos que confluyen en algo para tirar juntos.

Eso es Colón equipo de fútbol. Tres contrataciones, dos que tiran para un lado, uno que no entiende un cazzo y otros tres que corren sin ton ni son.

Comparable con Tito, Josele y Manucho que se juntan para escabiar y comer asado, para después ponerse los cortos y enfrentar a cualquier equipo de veteranos que les quiera hacer sombra.

Colón es eso ahora.

Un conjunto de individuales que no conectan, no sienten el trabajo hormiga, ni ven el rédito en el corto, mediano o largo plazo.

Jugadores porta-apellidos, anodinos, sin funcionamiento ni por espíritu propio ni por directivas de los inmediatos superiores. Jugadores no plegados a una idea, porque no la hay. Jugadores sin contenerse en habilidades que tienen en pos de servir a un equipo, y jugadores queriendo demostrar habilidades que no tienen.

No tiene que ver con la final perdida el 9 de noviembre. Tiene que ver con una construcción hilada de desbalances. Con vicios arrastrados, inclusive de gestiones anteriores que no se quisieron solventar, desde los mas bajos estratos; con vicios adquiridos en los funcionamientos de jugadores que ciegamente siguen las directivas del no capacitado, y los pone en un nivel de no capacidad. Se destaca sobre todo el plegamiento a una idea obsoleta, vetusta, fuera de liga, hiper limitada y llena de huecos de funcionamiento por no trabajar las cosas. Por la ley del mínimo esfuerzo. Por no querer trabajar, romper el tablero, modificar. Generar inventiva. Todo esto es una consecuencia de tomar lo que estaba, moverlo poco e intentar sacar algo de ahí. Con cero recursos ideológicos o futbolísticos.

Creo que Lavallén en su triste, tristísima historia en Colón como entrenador, se lleva eso. Ser primero, un ave de paso. Y ser, segundo, el menos "influencer" en una larga retahíla de técnicos que han pasado por el club en los últimos 10 años. Nadie recordará en el futuro cercano, las "ideas" de Lavallén. Porque no hizo fuerte en absolutamente ninguna.

No le faltó nada por perder. Y aún así, estúpida y ciegamente, sostiene su cargo.
No es culpa de él, claramente.

A Colón le sucede que se embelesa con la promesa. Y no ve la realidad. Se tuesta al fuego de la ilusión. Colón no puede ser otra cosa que promesas rotas, que ilusiones incumplidas, y nunca se aprende.

Declaro a Lavallén el técnico que más regalos, banca y tolerancia ha recibido en los últimos 25 años. Y sin embargo sigue allí, sin laburar, sin generar ningún rédito y con la única ventaja de caerle bien a un plantel fracasado, indolente y sin alma.
El alma se demuestra antes de declarar con los periodistas.
Se demuestra en un malestar de vestuario.
Se demuestra desobedeciendo al entrenador en partidos dados.
Ni siquiera eso han sido capaces de generar.

El concepto de "regalo" no va sólo para el DT. Va para los jugadores. Colón es un regalo. Un regalo para Vélez, para Estudiantes cuando decidió atacar, un regalo para Unión, un regalo para River, un regalo para los tucumanos, un regalo para Independiente, Lanús, los Ecuatorianos, etc. Podemos seguir una hora mencionando el devenir resultadístico, que es el que importa.
Colón es un regalo. Y lo va a seguir siendo mientras esto se sostenga.

No se puede analizar el partido del domingo, porque no tiene sentido.

Es en la misma veta y vía que los anteriores.

Es cansador intentar analizar lo no-analizable.

Resulta irritantemente cansadora la insistencia en ver la virtud de un plantel que, completo, no la tiene.

Y deja la puerta abierta a pensar que con tan poco, se hizo tanto (me refiero a la final contra un equipo con menos valía que Arsenal de Sarandí).

Entonces, quizás el regalo de este año sabalero sea eso. Haber llegado a una final de copa internacional. Que obnubiló hasta al más canchero.
Ahora sólo quedan los detritos y las esquirlas. Y la maroma jodida se viene en las proximas 10 fechas.
No sé si vamos a estar a las alturas.
Pero esto es como cuando ves que la relación no va más. No la estirás dos semanas más, no la estirás dos meses más. La cortás. Porque no tiene razón de ser.

Quiero llamar a la reflexión de la dirigencia, más vetusta e inoperante que el plantel en cancha: que se pongan los pantalones.

Para empezar, podríamos vernos en las próximas fechas, con un director técnico que exista, plasme ideas y trabaje. Tres virtudes que el anterior, con toda la banca del mundo, no hizo porque realmente, no quiso. O peor. Era incapaz de hacerlo. El tirón largo pone las cosas en superficie.

Demorar 4 fechas en despedir a un míster es la diferencia entre descender y salir campeón. Son 12 puntos de 12. Nosotros ya rifamos los próximos 6 contra dos rivales directos.
Ese es otro regalo, en el bazar de regalos de Navidad de este Colón.

La esperanza nunca se pierde.

Pero esta baraja fue mal repartida desde el inicio, y ahora jugamos con esas cartas que pierden en todas las manos.

Autor: Elnegroo



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